Tres hermanas: el laberinto del desasosiego

Tres hermanas (c) Arnaldo Colombaroli - Foto Nº 1

Único título contemporáneo de la temporada oficial, en rigor de verdad herencia de la gestión anterior (había sido originalmente programado en el 2016 para el 2017), el martes 13 de marzo subió a escena como apertura del ciclo de ópera del Teatro Colón Tres hermanas, del húngaro Peter Eötvös (n. 1944), en calidad de estreno americano. Más allá de la excelencia de la obra, la propuesta escénica y la realización musical, este inicio (que es también el comienzo del ciclo del Colón Contemporáneo) resulta toda una rareza en el marco de una de las temporadas más acotadas en términos conceptuales y cronológicos que haya tenido el Teatro Colón en mucho tiempo. El hecho de que el autor haya estado presente para este acontecimiento y haya ofrecido en las horas previas una charla en el Salón Dorado es un valor agregado para no desdeñar.

Tres hermanas (1997), con libreto del compositor junto con Claus Henneberg, no está planteada en actos ni en escenas sino “en tres secuencias”. La aclaración es importante para comprender su estructura, ya que la ópera de Eötvös no ofrece un relato lineal sino tres puntos de vista (los de las hermanas Irina y Masha y Andréi, el único varón de los hermanos Prosorov) sobre la trama de Chéjov. Desde el prólogo, a cargo de Irina, Masha y Olga (fabulosas Elvira Hasanagic, Anna Lapovskaja y Jovita Vaskeviciute), la música de Eötvös pinta a la perfección el paisaje desolado y opresivo que sobrevuela la obra; otro acierto es la caracterización vocal, muy evidente en personajes como Natasha y el doctor Chebutykin (excelentes creaciones de Marisú Pavón y Carlos Ullán). Envueltos por el sonido de dos ensambles orquestales, factor que enfatiza este sentido de opresión, los personajes transitan sus conflictos en un continuo perfecto.

Rubén Szuchmacher, el consagrado director de teatro que vuelve a la régie de ópera en el Colón después de 18 años, subraya estas particularidades de la obra con un dispositivo escénico único -gran trabajo de Jorge Ferrari, al igual que el adecuado vestuario-, que ubica a la segunda orquesta en la altura (al mando de Santiago Santero) y dos estructuras laterales, una de ellas inclinada como símbolo de inestabilidad. El trabajo actoral es minucioso y eficaz, y los climas están mágicamente temperados por la iluminación de Gonzalo Córdova.

En el marco de un elenco sin puntos débiles, además de los mencionados se destacan las performances inolvidables de Luciano Garay (Andréi), Héctor Guedes (Vershinin) y Víctor Castells (la criada Anfisa); el resto del reparto (Walter Schwartz, Alejandro Spies, Mario de Salvo, Pablo Pollitzer y Santiago Martínez) cumple a la perfección. Con algunos traspiés, la Orquesta Estable realiza un buen trabajo al mando del muy joven pero ya experto Christian Schumann.

Si, como escribió Máximo Gorki a Chéjov, Tres hermanas es música más que teatro, la ópera de Eötvös potencia al infinito esa esencia musical, a través de un prisma imposible de concebir ni de percibir fuera de un escenario.

Margarita Pollini

 

(Fotos: Arnaldo Colombaroli y Máximo Parpagnoli / Gentileza Teatro Colón)

Tres hermanas (c) Arnaldo Colombaroli - Foto Nº 3Tres hermanas (c) Máximo Parpagnoli - Foto Nº 7

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2 comentarios sobre “Tres hermanas: el laberinto del desasosiego

  1. la puesta buena , la musica bien instrumentada pero olvidable .Es una obra de teatro cantada Rivo texto pero la opera es musica y esta partitura es olvidable Una pena que este en la sala principal

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